I see myself as an image

Video Full HD

2017

 

Trata de un video monocanal, de 4:22 minutos de duración, sonido estéreo que posee una estructura narrativa clásica aristotélica, en la cual se desarrollan dos aspectos esenciales que le entregan forma la pieza audiovisual. El primero tiene que ver con una primera etapa constructiva, o más bien de-constructiva que tiene lugar en la preproducción. En ésta fase de captura, realizada aproximadamente el 2010, se graba un autorretrato en video. Esta captura es realizada con una handycam digital cuyo archivo fue quemado en un DVD para ser luego reproducido en una TV analógica. Este proceso fue vuelto a ser capturado por la misma cámara desde la TV, con el fin de que con ese resultado se volviera a repetir el proceso. En la medida en que este método es llevado a cabo sucesivamente, la imagen original comienza a perder definición y en su lugar se evidencia la conformación RGB de los rayos catódicos que hacen posible la imagen. Como resultado se obtuvo una imagen cuyo retrato pierde forma para mezclarse con las celdillas RGB de la pantalla. Ya en el 2017, el autor recupera este archivo. En un software de edición y composición audiovisual, separa en tres los canales RGB que conforman la imagen, para armar una nueva tridimensionalmente cuyas capas o planos se intersectan en su centro, y que son animadas y  puestas a girar en 360 grados interminablemente. El video trata entonces de un recorrido en detalle de este movimiento rotatorio de la imagen mostrando incluso su calidad bidimensional en su parte final.

 

Por otro lado, en términos sonoros, el video propone una voz en off generada computacionalmente, carente de calidez humana, que habla sobre reflexiones íntimas del autor, mezcladas también con análisis panorámicos de la situación de las imágenes producidas contemporáneamente, pero siempre desde una subjetividad interpretativa que busca interpelar al espectador como si la imagen fuese quien poseyera conciencia de sí misma y pudiera expresarse a través del habla.

 

Desde sus aspectos conceptuales, el trabajo pone en el plano de la representación al mismo artista dirigiéndose hacia el espectador fuera de la pantalla. A pesar de que la figura del autor es vagamente reconocible, es posible notar su presencia difuminada entre las celdas RGB, y entrever su silueta. Esta estrategia de enunciación frente a cámara, utilizada ampliamente por varios artistas que han experimentado en el cine o el video como Vito Acconci (1940 – 2017), Harum Farocki (1944 – 2014), Juan Downey (1940 – 1993); que también el autor ha utilizado en otros de sus trabajos como Circuito Cerrado I (2012), Dentrofuera (2014), sostiene en primer lugar una forma primaria de establecer una situación de interpelación frontal, asumiendo el retrato como una herramienta discursiva y el medio video como una extensión ideológica que asume su carácter unidireccional para traspasar en este caso una experiencia estética direccionada hacia el pensamiento crítico de las imágenes.

 

Desde otra parte, afloran a partir del relato y en comunión con el paulatino descubrimiento de la composición de la imagen, conceptos que rondan en una constante ambigüedad en torno a la fuente o el origen de la narración. Es decir, al no entenderse bien si el lugar de enunciación es la imagen o el autor, o incluso ambos, se propicia una situación de intriga que jamás es solucionada, ni si quiera en su final. Esta situación enigmática que encierra esta pieza audiovisual, genera preguntas no sólo sobre la imagen misma, y su forma de estar conformada, sino que también sobre los usos de las imágenes en una situación de producción contemporánea de imaginarios que dominan, trastocan, los conceptos de realidad, ficción, lo cotidiano, los sistemas de control y dependencia de usuarios y espectadores. Es así como la pieza en general da cuenta en su narración intertextual tanto de una preocupación existencial del autor por considerarse una imagen dentro de un sistema de producción complejo, como por la situación global de la producción de imágenes y cómo esto se traduce en una idolatría marcada por la necesidad de realidad.

 

Sobre sus aspectos temáticos es importante señalar que esta pieza audiovisual no es posible categorizarla tajantemente, en tanto se entiende como una puesta en relación con variados aspectos que rondan la producción de imágenes. Por lo tanto, si se tuviera que hablar de una cuestión más bien temática sería más bien una pregunta por la imagen y los actores que la hacen posible. En términos de definición sería posible decir que se trata de un autoretrato, sin embargo, las nociones clásicas del retrato son acá trastocadas, desplazadas en la conformación de imagen ya que el sujeto representado se aprecia vagamente. Se podría decir también que es un retrato hablado, sin embargo, en estricto rigor no se entiende el lugar de enunciación, puesto que la voz en off que se escucha es una computarizada alejada de lo que produce una voz humana. Entonces, por conclusión lo que sí se desprende, es una situación en la que el trabajo tanto en términos de imagen como en términos sonoros instala una pregunta por la identidad y la manera en que el sujeto humano se aprecia en un contexto de producción de imágenes y cómo la conformación de esta identidad, se ve supeditada a los alcances mediáticos de ésta producción en la vida cotidiana.

 

La deconstrucción y la construcción de la imagen video y la imagen televisiva, están en línea con una forma de pensamiento en la que se busca dejar en evidencia elementos constituyentes de la imagen capturada, mostrando de cerca una parte de la materialidad que, en este caso, se ve totalmente mediada por varias capas de captura y manipulación. En este sentido, las condiciones de posibilidad de la obra, su carácter virtual, se exponen ligeramente en tanto se entiende la construcción tridimensional y la calidad bidimensional del asunto en su totalidad. La puesta en abismo gracias al movimiento giratorio de la imagen, metáfora de la vorágine de los medios de comunicación en masa, y evidencia clara de la imagen en movimiento, constituye una suerte de estrategia hipnotizante intencionada que busca, en conjunto con el audio, transmitir un discurso ideológico. Por tanto, el carácter político de la obra no se define desde un lugar claro de posicionamiento, dada la ambigüedad característica de la pieza, sino que aparece en la medida en que este diálogo unidireccional logra interpelar y enfrentarse a cualquiera sea su espectador.

 

 

 

 

Francisco Belarmino, todos los derechos reservados 2018